La República Centroafricana vive un conflicto armado desde hace años, pero el asunto es convenientemente ignorado por los grandes medios. En las últimas semanas, ataques coordinados de milicias islámicas dejaron decenas de muertos.

El más brutal fue el 15 de noviembre, cuando 42 personas murieron dentro de la Catedral del Sagrado Corazón de Alindao, que fue incendiada. Entre las víctimas estaban dos sacerdotes. Don Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, está denunciando lo ocurrido.

Los ataques a los cristianos fueron realizados por rebeldes de la UPC, una milicia separatista. Aguirre dijo a la agencia Fides que “uno no sólo debe denunciar la matanza de los cristianos. Es necesario preguntarse por qué sucedió esto.

“Él cuenta que los soldados de la UPC están instalados de la ciudad de Alindao, donde” hay un campamento de desplazados para no musulmanes, que acoge a aproximadamente 26 mil personas”. El 15 de noviembre, más de 50 mil personas resultaron afectadas cuando los dos campamentos más grandes fueron incendiados por la milicia.

Mons. Aguirre revela que los rebeldes islámicos “atacaron, saquearon e incendiaron el campamento de las personas desplazadas, mataron a mujeres y niños e incendiaron la catedral donde mataron a los dos sacerdotes”.

El líder católico resalta que la situación en el país tiene un fuerte elemento religioso. “Grupos como la UPC están formados por mercenarios extranjeros que ocuparon nuestro territorio hace cinco años. Son financiados por algunos países islámicos del Golfo y dirigidos por algunos países africanos vecinos. “Ellos quieren dividir la República Centroafricana, alimentando el odio entre musulmanes y no musulmanes”.

El conflicto en la República Centroafricana, cuya población es de 4,6 millones, ya ha dejado 700 mil desplazados y 570 mil refugiados. La ONU calcula que 2,5 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. El gobierno del presidente Faustin-Archange Touadéra, elegido en 2016, controla sólo una quinta parte del territorio.

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