Los yihadistas musulmanes continúan dejando un rastro de violencia en Mozambique. El pasado viernes, 12 personas, incluidos niños y mujeres, murieron en una localidad aislada de la región norte del país. La ola de violencia provocó la fuga de miles de habitantes a la vecina Tanzania. La mayoría son cristianos que temen ser las próximas víctimas.

Los habitantes de la aldea de Chicuaia Velha, a pocos kilómetros de la frontera tanzaniana, relatan que durante la invasión, sus parientes fueron asesinados con golpes de hacha o dentro de sus casas incendiadas por los islamistas. “Ha ocurrido un ataque contra una aldea del distrito de Nangane, en una zona donde las fuerzas de seguridad no patrulla. Los agresores mataron a 12 personas”, confirmó una fuente policial de la provincia de Cabo Delgado a la agencia France Press.

Un policía que coordina las operaciones contra los extremistas dice que ellos “Usan estrategias de guerrilla atacando casi simultáneamente varias localidades distantes. Entonces es difícil controlar la situación”.

Hace cerca de un año, grupos islámicos que defienden la aplicación literal del Corán, esparce el terror en Cabo Delgado, provincia del norte del país. Inicialmente se informó de que el conflicto era “fuera de control” algo negado por el gobierno.

El ex subsecretario de Estado adjunto para Asuntos Africanos de EEUU, Johnnie Carson, admitió que la ideología extremista se estaba extendiendo a lo largo de la costa este africana. Los ataques en la región de Cabo Delgado se atribuyen a un grupo identificado como al-Shabab, que no tiene conexiones conocidas con el homónimo de Somalia.

El método es casi siempre el mismo: hombres armados entran en una aldea y matan a veces decapitan a los moradores, roban lo que pueden y encienden todo.

El ataque del viernes fue el cuarto en el mes de noviembre. El 14 de noviembre, el jefe de la aldea de Nagulué, en el distrito de Macomia, fue decapitado, varios residentes heridos y sus casas destruidas. En total, más de 100 personas murieron por “Shababs” desde octubre de 2017.

La policía ya ha arrestado a casi 200 personas acusadas de participar en ataques. Entre los acusados ​​están ciudadanos de Tanzania, Somalia y la República Democrática del Congo (RDC).

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