Un pastor que trabaja como misionero al sur de Asia relató un maravilloso testimonio de liberación. En medio de una persecución feroz, sus oraciones fueron respondidas de forma única y rápida.

Por cuestiones de seguridad, la agencia misionera Bibles 4 MidEast identificó a los pastores que tienen sus nombres cambiados como Paul y Ayoob, debido a la constante persecución en su país.

Paul, incluso, ya había testificado de otra liberación, cuando un grupo de extremistas intolerantes organizó un apedreamiento contra él, en represalia a los bautismos que el había realizado a los nuevos convertidos en la iglesia que el plantó en la región.

El misionero fue sometido recientemente a una cirugía y fue ayudado por el pastor Ayoob, un cristiano nativo que vive con su esposa, dos hijos y su madre, de 80 años, en una casa escondida en medio del bosque.

La decisión de Paul de esconderse en la casa de Ayoob fue estratégica, ya que los extremistas venían haciendo reiteradas amenazas a su seguridad. Para apoyarlo en ese momento delicado, los hermanos en Cristo de la iglesia local pasaron a realizarles visitas a él, realizando reuniones de oración y alabanza.

“Los creyentes me visitaban secretamente en esta casa del bosque y realizábamos reuniones de oración juntos. Me quedé allí por tres semanas”, explicó el misionero. Los perseguidores, sin embargo, vigilaban a los fieles y terminaron descubriendo el refugio del misionero, y así, invadieron la casa mientras los fieles cantaban y oraban.

“Un domingo, estábamos en medio de nuestra reunión de oración con el Pastor Ayoob dirigiendo. De pronto, un grupo armado llegó a la casa. No supimos que hacer en aquel momento”, contó Paul a la agencia misionera.

“El Señor Jesucristo salvó mi vida más de una vez, y yo alabo a Dios por su gracia indescriptible! Ciertamente no soy digno de eso”, testificó, antes de explicar lo que sucedió cuando estuvieron frente a dicha situación de tal peligro. “Todos unimos las manos y comenzamos a alabar y agradecer a nuestro Señor Jesucristo. También clamamos por la sangre de Jesucristo por nuestra victoria”.

“Habiendo perdido toda esperanza, pensamos que aquél era nuestro último día. Los niños que estaban con nosotros comenzaron a llorar”, dijo enfatizando que se mantuvieron firmes por el poder de Dios.

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