Austin Rehl pasó por una gran prueba de su fe, cuando el hijo Dallin fue diagnosticado con un tumor cerebral del tamaño de una bola de béisbol. Todo comenzó cuando el joven de 18 años pasó a sentir dolores de cabeza y entumecimiento en su cuerpo, el otoño pasado.

“Comencé a tener períodos de adormecimiento en el lado izquierdo de mi cuerpo. “Eso fue un poco extraño, pero no pensé que era nada serio”, recuerda el chico. Él contó que esos síntomas pasaron a ocurrir periódicamente, una vez cada dos semanas.

“Ellos empezaron a ser más frecuentes y, con esos episodios, empecé a tener dolores de cabeza del lado derecho y yo pensaba que era jaqueca”, continuó Dallin.

En enero, un amigo de la familia, que es cirujano, oyó hablar de los síntomas de Dallin y sugirió que, sólo por garantía, la familia llevara al joven a hacer una resonancia magnética del cerebro.

Después del examen, el diagnóstico llegó el 23 de enero, lo que indica un tumor del tamaño de una pelota de béisbol en Dallin cerebro.

El padre de Dallin dijo que en ningún momento se burló con Dios. Por el contrario, dijo que si Dios tuviera un propósito eterno con la partida del hijo, que aceptaría.

“Yo ya había decidido que no se enfadaría con Dios si Dallin necesitaba morir por cualquier objetivo eterno mayor que el Padre Celestial pudiera tener”, dijo Austin con ojos mareados. “Yo ya había decidido que no sentiría amargura de nuestro Padre Celestial por eso”.

El hijo, cuando supo de su situación, también demostró la misma consistencia de fe. “Yo tenía fe de que estaba preparado y hoy me siento bendecido por las circunstancias que he pasado”, contó.

 

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