John Smith, de 14 años, estaba jugando con otros dos amigos cerca a un lago, cuando resbalaron por el hielo y cayeron al agua. Cuando los rescatistas llegaron, uno de los chicos había salido y el segundo se encontraba sostenido en un trozo de hielo, pero Smith no pudo ser encontrado.

Los médicos no tenían esperanza que el joven viviera, no estaban seguros de cuánto tiempo deberían seguir intentando; él había estado clínicamente muerto durante 45 minutos y tenía una temperatura interna de 88 grados.

El Dr. Ken Sutterer, un cristiano cuya hija asiste a la misma escuela de Smith, llamó a Joyce, la madre de joven, para darle la noticia.

La mujer, tras recibir la noticia que su hijo había muerto, comenzó a orar en voz alta. ” Santo Dios, por favor, envía tu Espíritu Santo para salvar a mi hijo. Quiero que mi hijo viva, por favor dale la vida”, clamó Joyce.

Fue en cuestión de minutos después de la oración que ocurrió el milagro.”De repente oí decir: ‘ tenemos un pulso; tenemos un pulso'”, recordó Smith.

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