La Alianza Evangélica Italiana ha apuntado que la mayoría de testimonios que han recibido expresan “gratitud a Dios por poder volver a reunirse”, pero también “el obstáculo inicial por los límites inevitables para tener contacto físico (mascarillas, darse la mano, abrazarse…) y finalmente el deseo de regresar a la normalidad tan pronto .

“Después de tres meses de confinamiento, finalmente hemos podido reunirnos con todos los hermanos y hermanas de quienes hemos estado físicamente distantes porque, aunque gracias a las tecnologías disponibles no ha faltado la oportunidad de mantenernos en contacto, sabemos muy bien que no es lo mismo”, dice Anna Pellerito, de la Iglesia Pentecostal Elim Source of Life, en Sesto San Giovanni (Milán).

Esta iglesia, “como otras iglesias a lo largo del país, ha adoptado el método de reservas hechas directamente en la página web, con una aplicación especial que actualiza el número de plazas a medida que se reservan”, explica Pellerito.

“Tan pronto como el primer servicio presencial empezó, la emoción era realmente grande. No podíamos aguantarnos las lágrimas; finalmente pudimos alabar y bendecir a Dios juntos. Además de nuestras palabras, nuestros ojos también se han convertido en una herramienta para expresar todo el afecto y el amor que nos une a enseñar a otros”, añade.

Lidia Mesolella, de la Iglesia Apostólica de San Nicola La Strada, en Caserta, ha señalado que “estamos acostumbrados a la limpieza continua, pero volvemos a ver a todos después de más de dos meses, con las caras cubiertas y sin poder destaparlos para dar un abrazo, que antes era más que espontáneo, seguramente ha sido un golpe duro”.

“Cantar con la máscara, los cambios que el grupo de adoración necesita hacer, renunciando a determinados instrumentos,…todo es bastante artificial; una situación antinatural, en la que el pueblo de Dios debe renunciar a aquellos elementos que los hacen especiales y atractivos, como el contacto fraterno o la alabanza libre”, subraya.

Según Mesolella, “la primera reunión fue como un hombre sediento que finalmente logra tomar un sorbo de agua, con el deseo de alabar y rezar”. “Pero en la segunda apareció el sentimiento de desánimo, y no estamos tan dispuestos a adaptarnos a patrones tan rígidos, incluso en aquellos momentos en los que se espera finalmente ser libre en presencia del Señor”, añade. “Al menos en nuestra región, la infección ahora está casi eliminada, por lo que todos se preguntan por qué deberíamos sacrificarnos hasta este punto”.

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